Et Eärello Endorenna utúlien Sinome maruvan ar Hildinyar tenn' Ambar-metta
   
 
  LA TABERNA DE BREE: LITERATURA EPICA INEDITA
Épica Literaria
 Y  
 Sus orígenes

 Primera Parte: De la Antiguedad al Renacentismo            
                                               Por
Prof. Carlos Gonzalez  
                                                                  Villalobos

                                                               ( Khassarh)

              Tomando como base la historia humana misma, debemos los nuevos literatos concluir que sobre los cimientos de las viejas culturas se ha levantado toda una nueva tradición enmarcada por mundos fabulosos, bestias míticas, héroes semidivinos y fuerzas sobrenaturales a las que el ser humano a denominado dioses.    Este es el preámbulo de lo que conoceremos pues como Épica, un campo por demás extremadamente fértil pero poco arado durante una veintena de siglos por solo algunos pocos con la visión de llevar a la letra muda el calor de una plétora de nuevos mundos y dimensiones que solo son vividas para los crédulos amantes de los imposible.

 
ALBORES DE LA ÉPICA: GRECIA CLÁSICA
 
      El origen de la épica se remonta, según nos cita Lin Carter en su obra “El Origen del Señor de los Anillos”, a la época de los clásicos griegos.
Es de hecho dentro de esta cultura donde se acuña el término epikus, o cantar, poema, como una forma de describir las primeras producciones de amplísima envergadura escrita que consagraban las hazañas de hombres fabulosos en el marco de poderosas campañas militares que eran auspiciadas por deidades yuxtapuestas entre el capricho y la razón.   
      Los primeros ejemplos de esta prosa de estilística fenomenal los tenemos hacia el s VIII antes de Cristo,   tiempos en los que aun el literato y el hombre común concebían su mundo de forma lineal y pletórico de eventos y seres que retaban su escasa lógica y a los que temía por natura.   No es de extrañar que dentro de este sinuoso mundo las figuras privilegiadas de la narrativa eran los perennes retadores de la voluntad divina, los semidioses o gigantes entre los mortales, aquellos llamados a la misión por encima de todo otro reto, y sobre esta lucha fueron dibujándose los versos de estas obras. Salamandras, ondinas, gnomos, silfos, espectros; cada elemento básico de la naturaleza era un reto para la voluntad humana y su búsqueda y en ello, mas una buena dosis de realismo histórico se basaron los escritores para dejar plasmada en las eras por venir su propia visión de la lucha de los inmortales.
 
         Comencemos pues con un repaso de los ingredientes de una epopeya (obra poética que relata los eventos épicos).   Por un lado el mundo de fantasía sobrenatural, los héroes, los dioses inmortales definiendo los destinos mortales más una buena cantidad de monstruos y criaturas sobrenaturales.
Ello es patente en el que quizás es el padre de la épica griega, Homero.
Aunque hay que señalar que el poema de Gilgamesh antecede un milenio a las obras de Homero, a este último se le reconoce como una de las mentes mas prolíficas y perdurables de la época.   
Tristemente pocos de aquellos versos llegaron completos a nuestros días, dado el transito brutal de las épocas y las guerras que sucedieron a la dominación latina del mediterráneo. De lo poco que no queda conocemos parte, pero no la totalidad de los poemas del ciclo  homérico.
    El ciclo comienza con la Titanomaquia, que abordaba Guerra de los Titanes, siguiéndole la Edipodia de Cineto, la Tebaida de Antimaco y las Epígonas del propio Homero.
A estas se suman posteriormente los versos cipriacos, con los cuales inicia el ciclo troyano, la Iliada, la Etiopida de Arctino, la Iliasmikra de Lesques y otros como la misma Odisea terminan cerrando el ciclo.
Para el final de la época alejandrina, la mayoría de los escritores habían abandonado la epopeya por su compleja extensión y seguían las razones de Calamaco que postulaban que la extrema belleza de la obra homérica ya no era capaz de ser superada por autores contemporáneos. 
A esto Apolunio de Alejandría responde con una muestra contemporánea poco eficiente y escribe Las Argonauticas, que solo sirvió para dar juicio a lo señalado por Calamaco.
Sin embargo, el siguiente paso en la evolución de la Épica se daría no en Grecia, sino en Roma.
 
LA ÉPICA ROMANA Y SU TRANSICIÓN A LA EDAD MEDIA.
 
            Ya hemos señalado que Homero  y otros como Lesques, Antimaco  y Arctino habían formado las bases de la épica en Grecia.
En Roma la épica comenzó a aparecer en momentos que ya los escritos griegos de miles de versos se habían vuelto burdos y pesados, sin cadencia ni estética como las obras de los precursores originales.
    Toca a Virgilio y su Eneida revivir en parte la belleza de la épica al retomar los orígenes míticos del pueblo romano (presúmase descendiente de la gente de Troya que escapo guiada por Eneas a Europa central) en esta obra de gran estética y valor literario. A partir de Virgilio se cuentan nuevas obras que igualmente retoman lo que Lin Carter llama la Materia Troya, esto es los elementos y esquemática propias que le dieron a la obra homérica su extensión y congruencia. Aunque fue con Ennio y sus Anales, que lada inicio la épica romano-latina, se observan en los trabajos de Virgilio los mismos elementos de la obra homérica: La retoma de la Gran Misión, la presencia sobrenatural, la plétora de deidades ya hasta el inventario de huestes y barcos, cosa que aun podemos ver incluso hoy día en la misma obra de Tolkien (recuerden la enumeración que se hacen de casa nobles y tropas en algunos pasajes del SDLA y del Silmarillion) 
     De Virgilio también nos llega la Farsalia, epopeya que narra las guerras civiles romanas entre Cesar y Pompeyo. Y mas adelante con Estacio se retoman los viejos temas griegos, como en la Tebaida y la Aquileida.
 
            No obstante, toda esta obra se perdería sustancialmente en el caos de la transición de los siglos hacia el oscurantismo medieval, no sin lograr perdurar parcialmente en la nueva Edad bajo una nueva forma:   El Cantar de Gesta.
A pesar de la desintegración del imperio romano, algunos elementos de la obra épica no se difuminaron en la evolución del los primeros siglos del Medioevo.
Solo se transmutaron para dar cabida a una nueva tradición más nacional.
 
            De la Caída de la Roma Occidental en el s V d.C. a manos bárbaras obtendremos en los siguientes 3 siglos toda una variedad de reinos romano-germánicos que, producto de la parcial latinización de los invasores, se transformarían en la base de los nuevos estados cristianos del Renacimiento.   La Hispania romana, las Galias, Britania, Capadocia, Germania y otras tantas provincias del antiguo imperio ya fuera del control de Bizancio (único rescoldo de dominio romano aun presente) no encontrarían otra forma de unidad que la Iglesia Católica Romana, al menos hasta el inicio del Imperio Carolingio. Su único elemento de unidad, la FE, se convertiría en el factor común para los Señores Feudales, los Siervos y los Reyes, en una enmarañada red de relaciones que se justificaban a la luz de un orden divino. Así nacen de la contraposición de lo sacro y lo profano, de lo cristiano y lo bárbaro, de lo bueno y lo malo, de la luz y la oscuridad, las nuevas bases formales de la estructura de la épica medieval.
 De ahí que la épica, a través del Cantar de Gesta y del romance de Caballería se volvería drásticamente sobre una nueva forma de delinear el mundo homérico y virgiliano de la epopeya.   
Donde una vez se privilegio a la camada de dioses, hoy el monoteísmo imperaba; donde el hierofante, el adivino y la sacerdotisa hacían comunión con los héroes para alcanzar el favor divino en la misión, hoy eran el clérigo y ocasionalmente el mago quienes acompañaban u obstaculizaban las hazañas del Héroe. Donde antes la misión solo era una parte de las faenas de la guerra, hoy es mas allá del conflicto una lucha interior entre lo nobles y lo vil.     Así encontramos nuevos elementos sustituyendo en la épica de caballería a los viejos esquemas de la epopeya grecorromana. Aunque otros lograron sobrevivir, como el elementos sobrenatural y los monstruos de fabula.
 
 
LA ÉPICA EN LA EDAD MEDIA.
 
        Como indicábamos antes, el Chanson o Cantar de Gesta sucedió de forma paulatina a la epopeya grecorromana en la Edad Media.   Su origen se cifra en Francia, durante el apogeo del Imperio Carolingio, etapa donde por única vez desde la caída de Roma, Europa alcanza cierta unidad política y militar bajo la figura del emperador Carlomagno.   Sin embargo, y pese a que este periodo fue rico en material para la épica, esta fue diversa en origen y estilos.    Especialmente porque cada región ostentaba ahora en su tradición elemento de amalgamamiento a través de las figuras legendarias de sus héroes nacionales.
 
         El primer poema épico mas importante de la lengua inglesa fue sin duda Beowulf, el cual consta como el mas antiguo de la tradición danesa y británica.
En este rico cantar se recogen muy bien todos los nuevos elementos de la narrativa épica y otros nuevos elementos solo mencionados en las mismas obras de Homero (Espadas mágicas, armaduras y talismanes de poder) 
No hay que olvidar que desde luego las Sagas vikingas y las tradiciones escandinavas fueron de gran ayuda, no solo para reconfigurar el mundo fantástico de la tradición europea, sino para dotar a la fauna mítica de la Edad Media de nueva sangre y forma.   
Ya en Britania las leyendas artúricas asoman como un producto promiscuo entre la tradición histórica romana y hasta parte de tradición judío-cristiana,
a lo cual volveremos luego para analizar en otro articulo.
En Hispania, El Cantar del Mío Cid y las Lusiadas  coadyuvan a la construcción del espíritu de oposición a la invasión musulmana,  mientras que en Francia el Cantar de Roldan y en Italia con menos fuerza el Orlando Furioso de Ariosto se tornan parte del orgullo nacional.     
         Es interesante mencionar que la mayoría de esto Cantares son solo una degeneración de la hermosa épica homérica, y en nada contaban con la estética y cadencia de aquellos olvidado versos. 
 ¿Donde Estuvo entonces su capacidad de permanencia en el imaginario popular de la época?
 Lin Carter nos dice que la urgente necesidad de unidad y orgullo nacional fue el fundamento que permitió a los literatos medievales y renacentistas mantenerse en el ambiente a través de sus romances de caballería.  
No extraña entonces que tantos los Chansons como los romances hallan pasado ha ser reproducidos y continuados por otros autores hasta el cansancio, tratando de superar a los predecesores.
Tal es el caso del Cantar de Roldan o el muy alabado Amadis de Gaula, obra insigne de Caballería que incluso el mismo Cervantes rescata aun en su intento de desacreditar a las Obras de Caballería a través de su Quijote.
Del primero se sabe que hubo varias versiones que incluso luego del primer libro, tras la muerte de Roldan, retoman periodos alternos de la vida del joven sobrino de Carlomagno en sus mocedades y hasta de otros personajes de la misma obra por separado como en Enfans de Ogier o Girart de Roussillon
 En el Segundo caso, es notoria la sucesión de 13 libros de diversos autores que buscaron dar continuidad a la exitosa carrera del héroe Amadis de Gaula, escrito en la península española por un autor de apellido Lobeira.   Así aparecieron luego obras de menor calibre como el Palmerin de Inglaterra, Tirante el Blanco, Platir, Primaleon y otras burdas imitaciones del mismo esquema.   
 En Italia de igual forma con Orlando Furioso de Ludovico Ariosto tenemos un digno ejemplar del romance de caballería, pero incluso aquí pronto la decadencia del genero alcanzo su clímax, quizás por el efecto de la implantación de elementos psudoarturicos en las obras, haciendo que la, así llamada por Carter, Materia Britania, excediera en influencia a sus receptoras, trasformándose en contaminación enajenante.  
 
    
LA ÉPICA RENACENTISTA Y EL ARRIBO DE LA OBRA FANTASTICA.
 
Quizás el fenómeno de la decadencia de la épica caballeresca tuvo en parte influencia del mismo proceso histórico que ya estaba llevando a su término a la Edad Media.   En efecto, recordemos que durante gran parte del Medioevo fueron la Cruzada y las órdenes de caballería parte del motor imaginario que inspiro y mantuvo en apogeo la épica en el periodo, uno que estuvo igualmente motivado por la Fe y la búsqueda de pureza personal ante el divino Señor de la Cristiandad.   Terminada la Baja Edad Media, asistimos a un panorama muy contrario a la etapa anterior al siglo XIII.      El surgimiento paulatino de la razón y la ciencia, el apogeo del Antropocentrismo y la retoma de los cánones grecorromanos trajeron descrédito a las obras que subterfugiamente aun apoyaban la religiosidad y la sumisión a las fuerzas de la naturaleza.    Por ende, y aunque ya entrado el siglo XVI la influencia de las obras de caballería seguía presente, esta estaba obligada a dar un nuevo paso en su evolución o desaparecer ente los nuevos avances filosóficos y científicos.
Toca a Spencer entonces y su “Reina de las Hadas”  retomar el proceso.   Podríamos decir que si alguna obra se aproximaba finalmente al esquema de la obra fantástica como la conocemos, aquella primera obra  seria sin duda “LaReina de las Hadas”, misma que recoge no solo elementos alegóricos que retrataban a la corte inglesa del periodo, sino que retomaba los elementos devenidos desde Homero, pasando por Virgilio y los romances de Caballería.   De aquí en más la fantasía habría de sobrevivir al lado de la ciencia, buscando afianzarse en un mundo de lógica con argumentos nuevos y convincentes para una nueva generación de lectores cada vez mas creciente, gracias a la imprenta y a la exploración marítima.
Autores como Goethe, Milton, Cervantes, Swift, Shakespeare, Chaucer, Byron, Dante y Marlowe encabezan la lista de los mas prolíficos escritores de épica fantástica, pero lo mejor aun estaría por venir en los siguientes 3 siglos, cuando la fantasía será redefinida por una nueva generaron de entusiastas del genero.





Épica Literaria
 Y  
 Sus orígenes


Segunda Parte: Los Fundadores de la Fantasia Contemporánea      
                                               Por Prof. Carlos Gonzalez  
                                                                  Villalobos

                                                               ( Khassarh)


Como hasta la fecha presente hemos explicado, los relatos fantásticos han sido explotados desde los albores de la civilización, pasando a ser luego parte de los cimientos de las identidades nacionales europeas y asiáticas, por no decir parcialmente en América, por su extrema cercanía a la época contemporánea.
En un contexto amplio,  fue el surgimiento de la Revolución Industrial lo que en el siglo XVIII y luego el XIX permitió no solo el surgimiento de la ciencia y la tecnología aplicada a la vida cotidiana, sino que por su condición depredadora, consintió se generaran los anticuerpos necesarios para que las doctrinas pro-humanas salieran al paso del abuso del capitalismo, creando toda una serie de respuestas plausibles al acelerado proceso de industrialización y deterioro ambiental.
Es aquí donde la exagerada dosis de realidad pudo haber influido bien en la gran aceptación que el género de la novela fantástica tuvo en los lectores, por cuento el novela realista ya agotaba sus recursos y no ofrecía nada nuevo a los literatos para explotar.
Recordamos un poco entonces los primeros pasos de un Julio Verne y su inmensa obra de ciencia fantástica, como fue capaz de inspirar con sus memorables relatos a los precursores de la tecnología del siglo XX con pasajes como 20000 leguas de Viaje Submarino, Viaje a la Luna o la Isla del Tesoro.   De ahí en más, los nuevos autores devenidos sobre el tema de la tecnología irían haciendo sus armas, aunque con no mucha apertura de espacio entre los estantes de los muy aficionados al género, al menos hasta bien entrado el siglo XX con Isaac Asimovf y otros partidarios del género.
 
            Pero ¿Y que había pasado en este contexto con la Épica? ¿Declinaba y moría finalmente tras siglos de combatir a la razón y la realidad?
Para nada!   Es mas, asistimos en estos siglos de desarrollo industrial al advenimiento de la forma más excelsa de evolución que nunca antes hubiera experimentado la prosa homérica y sus derivaciones: El origen de la novela fantástica contemporánea. 
 
PRECURSORES DEL MOVIMIENTOS FANTÁSTICO CONTEMPORÁNEO.
 
           Tres son los grandes fundadores de la nueva literatura de fantasía dentro del marco del s XIX y XX, y a ellos Lin Carter reconocer por encima de muchos otros por las aportaciones realizadas al género en las postrimeras del s XIX y mediados del s XX.
 Cierto es, me dirán, que para la misma época no eran los únicos literatos que hacían armas en este estilo de prosa, si tomamos en cuenta que ya desde el s XVI teníamos a Spenser y su The Faire Queen   Sin olvidar inclusive las obras de Sir Thomas Malory ( The King Arthur´s Death) o de Sir Walter Scout ( Ivan Hoe ), hay que notar que la mayoría de las piezas anteriores a estos tres autores que mencionaré no habían abandonado el viejo canon homérico ni se habrían deslindado aun de la fuerte base realista que representaban los hechos históricos sobre las que se escribieron originalmente.  
En efecto, las obras de los fundadores del estilo contemporáneo de la novela o relato fantástico tenían a su favor la ruptura con lo histórico, implementando con libertad la recomposición del universo de sus obras sobre una base totalmente nueva, que les admitía jugar con novedosas reglas, nuevos escenarios ricos en descriptividad y numerosos eventos que no requerían de la base verídica para ser aceptados por el publico lector.    Así, sin perder la sobriedad y credibilidad del relato, nacían nuevos mundos totalmente atemporales, liberados de la burda sátira alegórica o de la peligrosa traza de la imitación de la que adolecieron los seguidores del Amadis de Gaula o del Orlando de Ariosto.     Algo un poco semejante se podría haber dicho de la obra de Cervantes, aunque por su puesto su interés contrariamente apuntaba a darle eutanasia al genero con esta excepcional aunque burlesca critica a la decadencia de la novela de caballería.
 
      El primero de estos reformadores fue  William Morris (1834) de origen ingles, quien como J R R Tolkien reacciona contra la realidad de la industrialización y la destrucción progresiva del medio con una incalculable ansia por el retorno de los tiempos dorados de la caballería.   Sin embargo, en su búsqueda Morris no retorna a la novela histórica de caballería, como lo hace Scout, sino que aborda un mundo totalmente fantasioso e irreal que resulta anacrónico con las realidades de la sociedad medieval.   
Por el contrario, Morris recrea escenarios atemporales y pautas de conducta en sus personajes que idealizan las relaciones interpersonales, quizás en su búsqueda por exaltar en sus lectores ideales muy diferentes, pero no por ello menos altos o nobles, a los que reflejan realmente las sociedades del periodo.
De la novela de caballería igualmente retoma elementos de la Materia Britania
a la cual nos referimos en el articulo anterior, recuperando especialmente las historias del Grial y la famosa mesa artúrica de Malory (quizás de ahí su deseo de recuperar los valores idealizados de los arquetipos que luego serian los mas populares del genero, es decir, el caballero cortes y la dama delicada y frágil)
Su estilo si bien era muy semejante al de sus precursores tenía mucha novedad.   Respeta el estilo y el idioma de la época, aunque aborda nuevas formas de valoración lingüística para acercarse al lector, dejando de lado el estilo rítmico del verso virgiliano y llegando a enriquecer la descripción con símiles y metáforas coloridas de gran calidad creando así su propia prosa.
 Sus más grandes obras fueron The Well at The World End  y   The Waters of the Charmed Islands
 
       El Segundo de los reformadores, considerado por Carter como el Escritor de Escritores  fue Lord Dunsany, un noble que a diferencia de Morris gozaba de los privilegios de su posición social en la Inglaterra de principios de siglo XX y que a través de sus viajes logro alcanzar un bagaje cultural que le permitió la producción literaria mas increíble de su tiempo.   Sin embargo, hay que destacar que la obra de Dunsany era fuerte en el relato corto, mientras Morris cuenta una extensa producción de mas de 400.000 palabras entre toda su recopilación.   Entre sus obras se destacan The Daughter of the King of the Country of the Elves de 1924, The Gods of Pegana de 1905 y su maxima obra The Book of Wonder.    Cabe destacar  que la influencia de Dunsany es evidente en muchos de los nuevos autores que surgieron posteriormente.
Se observa así por ejemplo, y según lo describe Sprague de Camp, en Howard y su obra completa sobre Conan de Cimeria y hasta en Lovecraft .
 
     El tercero de estos autores es Eric Ruker Eddison, quien no destaca por su extensa obra o su innovadora prosa, más si por su estilo y arriesgado bagaje de fantasía, el cual sin duda invita al ingenio humano a la credibilidad.
Igual que Morris, los estudios de Eddison sobre las Eddas Antiguas y las Sagas Nórdicas   lo llevaron a describir nuevos mundos fuera del nuestro,, jugando con la visión del narrador testimonial  en una historia que al igual que la Iliada o   la Odisea esta manipulada por dioses mezquinos y hasta antojadizos  que manipulan los hechos.   
Su magna obra La Serpiente Uróboros recoge este estilo singular de narración que vuelve, al final del relato, al comienzo de todo una vez más.   Sus personajes, aunque soberbios y con una trama convincente no pueden sin embargo tapar su gran defecto, es decir, la falta de cuidado en la definición de su universo de parajes y sitios, cosa que si fue objeto preciso de preocupación de otros posteriores como Tolkien y su Hobbit   o  C.S Lewis con su Crónica de Narnia.   No obstante ello, Uróboros y su Trilogía Zimiamviana  repercutieron en obras posteriores como las de Boucher, Orville Prescott,   Fletcher Pratt, Kafka y hasta Merymm Peake, alcanzando a consolidar estilos más acordes a la literatura de una Drácula o un Frankestain.
 
            En resumen, Morris, Dunsany y Eddison establecieron las bases de la nueva novela de Fantasía, misma que derivó en muchas tendencias que viajan de la Fantasía caballeresca hasta las retorcidas e introvertidas descripciones góticas de estados anímicos como en Gormenghast.  
Por aquellas mismas épocas las insignes obras de la fantasía y la fabula contemporánea ya asomaban su luz al s XX.   Dodgson con su Alicia en el País de las Maravillas, Barrie y su Peter Pan , Baun y su Mago de OZ , se cuentan entre los favoritos de muchos junto a los clásicos de siempre, Cuentos de los Hermanos Grim, La Cenicienta, o La Sirenita de Hanse Cristian Andersen .
Pero lo cierto es que el género se diversifico tanto que pronto la épica tendría competencia fuerte con otra de las ramas más conocida de la fantasía: Los Cuento de Hadas, de los cuales haremos mención en otra ocasión.
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